Cuando conozco a alguien y me pregunta ¿a qué te dedicas? Y yo le contesto: "trabajo con niños con autismo", inmediatamente me doy cuenta, por sus miradas y las preguntas que me hacen, que el síndrome está envuelto en una nube de misterio, de intriga y desconocimiento muchas veces influenciado por las películas o por los mitos que giran alrededor de él.
Existes ciertos aspectos que deben considerarse cuando queremos acercanos y relacionarnos con una persona con autismo. En realidad son cuestiones de cortesía elementales que deberíamos tomar en cuenta para relacionarnos con cualquier persona solo que estos casos son mucho más importantes por la características y necesidades específicas de autismo. Para hacer de nuestro acercamiento en un encuentro debemos:
No hay nada peor para entablar una relación con alguien, que acercanos predispuestos. ¿De qué manera podemos desechar estos mitos? A través de la información. Existen lugares en donde la información es adecuada, pertinente y acertada en cuanto a tratar el síndrome de forma clara y con base a la últimas investigaciones que hay al respecto. De igual forma, en la mayoría de los casos existen profesionistas que se encuentran cerca de la persona con autismo apoyándola, no hay que dudar en acercanos a ellos en un momento apropiado y hacer toda aquella pregunta que nos haga falta para "desmitificarnos".
Siempre existe algún tipo de temor cuando nos tratamos de acercar a alguien por primera vez; cuando realmente tratamos de conocerla y queremos relacionarnos con ella, nos hacemos preguntas en cuyo fondo está un miedo a cómo reaccionará el otro a nuestro acercamiento: ¿Le caeré bien?, ¿Me sentiré rechazado?, ¿Pensará igual que yo? Todo esto aplica de igual manera al acercarnos a alguien que tiene autismo. ¿Cómo podemos manejar este miedo? Primero que nada, aceptando que existe y que no va a ser un impedimento para poder acercarnos y nuevamente a través de la información de lo que en realidad es el síndrome para poder sentirnos más en control.
Debemos recordar siempre que antes que nada una persona con autismo es eso: UNA PERSONA. Independiente del diagnóstico o de los retos que presente, merece el respeto y la tolerancia que le debemos a cualquier ser humano. Uno de los errores más comunes es referirse a un niño o persona con autismo como "el autista" o "es autista", sin darnos cuenta que al hablar de esta manera, estamos etiquetándola y quitándole ese valor de PERSONA que es lo más importante. Cada ser humano es diferente y posee habilidades y capacidades diversas de las que podemos aprender mucho. Por supuesto, esto aplica también a la personas que tienen autismo.
Las personas con autismo buscan pautas para hacer del mundo un lugar más predecible y de esta manera poder manejarse mejor dentro de él. Existen situaciones en que para ellos es muy difícil lidiar con las demandas que impone la naturaleza cambiante del medio. Además a está situación hay que añadirle el hecho de que están conociendo a una persona nueva. Por este motivo debemos buscar un espacio adecuado y óptimo para poder acercarnos. Una vez más es importante preguntar a personas cercanas a él o ella (ya sean miembro de su familia o profesionista que lo apoyen) cuándo es el mejor momento para iniciar la interacción.
Uno de los aspectos que a muchas de las personas con autismo les cuesta más trabajo, es establecer contacto visual con alguien más. Para enfrentar esto, debemos buscar la manera de atraer su atención y hacer contacto visual para lograr la interacción. No hay mejor manera de acercarse a alguien que a través de su mirada.
El lenguaje es de las estructuras humanas más complejas. Imaginemos cómo nos sentimos cuando estamos empezando a aprenderán idioma nuevo. Necesitamos conocer entre todo aquello que se nos dice las palabras que conocemos. Lo mismo pasa con la persona con autismo: mientras más clara y concreta sea nuestra comunicación, él o ella entenderá mejor. Con el tiempo y el establecimiento de una relación más cercana, podremos ir aprendiendo las características de lenguaje que nos puede acercar a esa persona en específico.
La constancia y consistencia en nuestro acercamiento permite a la persona con autismo reconocernos y sentirse cómoda al relacionarse con nosotros. Conozco maestras que han sido lo suficientemente pacientes para acercarse todos los días, saludar a los niños con quienes trabajo durante mucho tiempo y finalmente, lograr que el niño no sólo responda sino que las reconozca y busque iniciar la interacción con ellas.
Más allá de estos aspectos y de muchos otros que pueden enumerarse, lo prioritario para poder relacionarse con una persona con autismo es QUERER relacionarse con ella. El deseo y motivación de conocerla, de saber cómo es, qué le gusta, qué no le gusta, qué es lo que hace, como reacciona a ciertas situaciones, etc., nos va a llevar a buscar los medios y los apoyos necesarios para lograr el acercamiento con esa persona que vive en el mismo mundo en el que vivimos todos y en el debemos buscar siempre en el otro una oportunidad de aprendizaje y crecimiento personal.