Una de las peores cosas que les puede pasar a los niños con Necesidades Educativas Especiales (NEE) es el ser excluidos del sistema educativo regular, provocando frecuentemente, que se incrementen las conductas desadaptativas y disminuyan las adaptativas, con lo que la posibilidad de un funcionamiento normal se aleja paulatinamente.
La necesidad de aumentar las conductas positivas y suprimir las negativas conduce a otro gran tema de mayor polémica: la utilización del refuerzo y del castigo en los programas conductuales de los niños con Necesidades Educativas Especiales con o sin discapacidad. Es evidente que el premio y el castigo se utilizan normalmente en la vida cotidiana de todos los individuos, pero su establecimiento sistemático en un programa de aprendizaje no es aceptado por muchas personas.
Conseguir que un niño con NEE abandone las conductas que dificultan su adaptación social y adquiera aquellas que le conviertan en un ser aceptado por su entorno es la meta soñada por todos los que se dedican a su educación. El enfoque del Apoyo Conductual Positivo se basa en un marco teórico conocido como "teoría del aprendizaje". Los procedimientos que se describirán se conocen también como análisis aplicado a la conducta o Análisis Conductual Aplicado. Esencialmente, se considera que el niño tiene ciertos déficit y excesos de comportamiento que se deberían remediar directamente aplicando procedimientos de enseñanza que fortalecen o debilitan la conducta. Al profesor se le ve como un "moldeador" directo de la conducta y del conocimiento.
Las personas que intentan ayudarles deberán servirse de una variedad de conceptos y de técnicas pedagógicas. Por ejemplo, cada "usuario" tendrá necesidades diferentes, o el contexto dentro del cual se desenvuelve será diferente. Puede que los procedimientos que sean especialmente aptos para un niño ciego, cariñoso y asustado, difieran algo de los que le sirven a un niño con autismo y de los que podrían servir a un niño con déficit de atención. Puede que lo que sea válido para un niño que vive con su familia en su entorno natural no lo sea para un adulto internado en una institución. El "padre-terapeuta-profesor" deberá ser flexible, innovador y capaz de sacar provecho a una variedad de técnicas y procedimientos.
Antes de describir los principios y técnicas del Apoyo Conductual Positivo debemos considerar al niño con NEE como un niño y no como un enfermo, debemos considerar, que es el entorno medio o regular, el que no cubre las necesidades ni tiene la estructura necesaria para poder constituir un "buen" entorno para la enseñanza o el aprendizaje de estos niños. Nuestra labor es, pues, crear un entorno adecuado para el aprendizaje de nuestros niños.
Los pasos más importantes en la Apoyo Conductual Positivo se han dado en la reducción del problema grande y bastante general de la "incapacidad", a unidades de conducta con variables ambientales más manipulables.
Cuando realmente hayamos encontrado la manera de enseñar, tendremos los instrumentos necesarios para ayudar a los niños con NEE a convertirse en individuos capaces de funcionar en sociedad.
Con las Técnicas del ACP se han desarrollado programas que ayudan a los padres y a los profesores a comprender mejor las conductas problemáticas de sus hijos con NEE, y a enseñar a los niños a manejar mejor sus conductas. Por medio de esta ayuda debería ser más fácil tratar con ellos en el colegio, y podrán integrarse en su comunidad.
Una de las metas principales de la enseñanza de los niños con NEE es la de ayudarles a funcionar más adecuadamente en su ambiente natural. Debemos considerar lo siguiente:
El diagnóstico de un problema de conducta intenta describir cómo la conducta está relacionada con sucesos del ambiente que le preceden y le siguen. El diagnóstico es como un ABC del profesor, donde A es el antecedente, B la conducta y C la consecuencia. Generalmente es útil mirar primero a los sucesos antecedentes: ¿ocurrió algo antes del comportamiento que pudiera haberlo provocado?, ¿Se golpeó, molestó o interrumpió al niño?, ¿Presentó un adulto una exigencia o una tarea difícil?, ¿Perdió el niño un objeto querido?, ¿Vio una persona que estaba asociada con restricciones o con refuerzo de conductas destructivas? En el lado de la consecuencia, la pregunta es: ¿qué ocurrió justo después de la conducta? Aquí el objetivo es descubrir qué recompensó la conducta. Alguna de las consecuencias comunes para la conducta destructiva incluye la atención del profesor para controlar al niño después que ha sido destructivo, o razonar con él, o tranquilizarlo o darle un castigo leve. Algunas veces las reacciones emocionales de otros, como la ira, el dolor o la sorpresa pueden ser suficientes para mantener la conducta inadecuada. Otras consecuencias que se presentan a la conducta inadecuada también pueden ocurrir cuando la conducta lleva a evitar sucesos que el niño aborrece, especialmente el trabajo y las exigencias del adulto.
Si la investigación anterior no hace que aparezcan las causas posibles, el enfoque del análisis se debería ampliar para incluir factores menos obvios y más remotos. El niño puede estar temporalmente irritable o demasiado sensible hacia los estímulos que ordinariamente no provocarían conductas inadecuadas, porque está enfermo o lesionado, o ha tenido una mala experiencia en casa o en el autobús antes del colegio. Puede haber habido un cambio reciente en la rutina diaria, o desorganización, demasiada gente o altos niveles de ruido. Puede haber insuficiente refuerzo para la conducta apropiada. Las actividades de cambio (moverse de un lugar a otro) pueden ocasionar problemas, o bien porque el profesor se distrae o bien por la naturaleza de lo que hay delante (por ejemplo, una vuelta en autobús que no le gusta). La reciente reducción o eliminación de un problema de conducta por medio de la extinción o el castigo puede dar lugar a la aparición de otro, igualmente molesto si no se ha establecido ninguna conducta alternativa apropiada, porque estos dos procedimientos aumentan comúnmente la variabilidad de la conducta como un efecto secundario. La reducción de una conducta en un ambiente puede llevar a un aumento en esa misma conducta en un ambiente diferente, un efecto conocido como contraste conductual.
Finalmente, está la posibilidad de fuentes de refuerzo de la conducta, desconocidas o incontrolables, que ocurren fuera de la clase y cuyos efectos se extienden a la clase. Estos ejemplos no agotan las causas posibles de problemas de conducta, pero pueden servir para indicar la variedad de factores que se deben considerar.
El diagnóstico de un problema de conducta se facilitará si cada aparición de la conducta se registra, junto con una corta descripción de los sucesos antecedentes y consecuentes. Cuando se haya hecho esto durante varios días, se acumulan dos ventajas. En primer lugar, patrones o tipos de sucesos causales pueden llegar a ser evidentes cuando antes habían escapado a la observación causal. En segundo lugar, las notas constituirán una Línea Base de datos con los cuales podemos evaluar los efectos de intervenciones posteriores.
Los procesos elementales de la enseñanza de nuevas conductas y de la formación, o modificación de las conductas ya existentes, tales como los refuerzos, los castigos, la sobrecorrección y la modificación son utilizados para la planeación y desarrollo de programas de cambio conductual. A continuación se describirán algunas de las Técnicas o procedimientos más empleados.
El reforzamiento positivo es una técnica que consiste en darle algo agradable al niño inmediatamente después de realizar una conducta adecuada, esta técnica se emplea para incrementar y mantener comportamientos adecuados de los niños, así como para enseñar nuevas conductas adecuadas. Normalmente, cuando un niño hace algo correcto, se le suele reforzar. Podemos decir "Toma 5 pesos para un chocolate", "Hoy puedes acostarte más tarde", "Te ganaste un helado", o algo parecido. Es decir, le das algo que él desea. Los adultos refuerzan a los niños, especialmente cuando son pequeños, de este modo directo y positivo. Al principio, los refuerzos pueden ser muy obvios y concretos, como el helado o los besos. Conforme el niño se va desarrollando, los premios suelen hacerse más sutiles, como cuando se transmiten por tan sólo una mirada u otro mínimo reconocimiento de la conducta del niño. Muchos profesores piensan que determinadas actividades que le gustan a los niños pueden constituir un refuerzo en sí mismas, y que los refuerzos extrínsecos, como la comida o el elogio social, no son necesarios para mantener una conducta. Pero al principio es conveniente la exageración de los refuerzos para lograr que los niños aprendan que recibirán este tipo de consecuencias cuando se comporten correctamente.
Cuando "premies" sé muy enfático y sonoro: exclama muy alto, di cosas como ¡Bien!, ¡Fenomenal! o ¡Eres estupendo!. Si hay público, que aplauda o dé muchos abrazos, besos y caricias. La hora de la comida puede ser una buena ocasión para empezar a enseñar.
Cuanto más te familiarices con la persona a la que vas a enseñar, más aprenderás sobre el tipo de refuerzos que tendrán resultado con ella. Por ejemplo, algunas personas responden muy bien a la aprobación verbal (como "Bien" y "Fenomenal"), mientras que otras son indiferentes a este tipo de expresiones. Algunas incluso pueden molestarse o sentirse castigadas por la aprobación social (les dices "Bien" y abandonan la conducta, como si se les hubiera castigado). Tendrás que probar distintos tipos de aprobación y ver qué es lo que mejor funciona. Nosotros encontramos que la actividad es un refuerzo bastante bueno para todos nuestros alumnos. Parece haber una necesidad de moverse, igual que hay una necesidad de comida y de agua. Observa cómo a todo el mundo le gusta moverse, correr, agitar los pies, y demás. A los niños les encanta el recreo en el colegio, cuando pueden corretear y gritar durante 10 minutos. De hecho, para muchos niños el recreo es el mejor rato de todo el día. Por lo tanto, intentamos "programar" diferentes tipos de actividad como refuerzo a una conducta correcta. Por ejemplo, se puede dejar al niño que se levante de la silla unos cinco segundos como refuerzo por haberse sentado tranquilamente y haber trabajado bien.
Por cierto, para enseñarle a sentarse bien en una silla, no se debe permitir que se levante si no se comporta adecuadamente, porque este permiso no puede funcionar como premio por una conducta inapropiada. Muchos niños tienen objetos favoritos por los que sienten mucho cariño, como una manta, un palo o una muñeca. Se puede usar el objeto como refuerzo quitándoselo al niño y devolviéndoselo para que lo sujete (durante algunos segundos) tras haberse comportado del modo deseado. Casi todo lo que el niño desea -ya se trate de comida, aprobación verbal, actividad u objetos queridos- puede ser usado como refuerzo, y cuantos más refuerzos puedas ofrecerle, más eficaz serás como profesor.
Algunos de los refuerzos básicos que se pueden usar incluyen:
Es importante reforzar al niño un poco cada vez para evitar la saturación rápida. Por ejemplo, no se la da un caramelo entero, sino sólo una chupada, o un traguito de jugo en lugar de un vaso entero; tres o cuatro segundos de besos o de música, cinco de saltos, etc. Esto nos permite conseguir que los refuerzos duren mucho tiempo, con el fin de que el niño se esfuerce varias horas al día por obtenerlos. Un refuerzo sólo debe durar unos pocos (tres a cinco) segundos al principio. La variedad de refuerzos es importante para evitar la saturación.
Es importante recordar que:
Moldeamiento de conductas:
Es la técnica que consiste en reforzar paso a paso la conducta final que deseamos que un niño aprenda, es decir iremos reforzando cada paso de una conducta hasta la consecución de su forma final adecuada.
La selección de conductas meta:
Una vez que se ha decidido qué refuerzos usar, el próximo tema a tratar es el del tipo de conductas que quieres enseñar, y cómo enseñarlas. La regla es empezar con algo sencillo, para que puedas ser un buen profesor y que el niño acierte en su proceso de aprendizaje.
Seleccionar un objetivo o conducta meta. A continuación se descompone en pequeñas unidades, o secciones, y se enseña cada una por separado. De este modo el niño podrá dominar primero las unidades menores, y después se le ayudará a juntarlas para que pueda enfrentarse a un conjunto más grande o más complejo.
El objetivo conductual del ejemplo que citamos a continuación es el de enseñar al niño a ir al baño, un acto complejo que descompondrá en unidades como: bajarse los pantalones, sentarse en la taza, y orinar o defecar. Cada una de ellas también puede ser reducida a unidades más pequeñas. Por ejemplo, "bajarse los pantalones" es un acto complejo que supone desabrocharse, bajar la cremallera, tirar de la prenda hacia abajo, etcétera. La idea es empezar con aquellos elementos de la conducta en los que el niño podrá tener éxito, para que se le pueda reforzar; recuerde; sin refuerzo no hay aprendizaje.
Una buena situación de aprendizaje, por lo tanto, es aquella en la que el profesor ha descompuesto la conducta compleja hasta convertirla en sus unidades más simples para que el niño pueda ser reforzado y pueda aprender. Si se refuerzan las conductas, se fortalecen. Por eso es que se debe simplificar la tarea. Si se da a un niño una tarea demasiado difícil, no será reforzado, y no aprenderá.
Cuando un niño es reforzado no sólo está adquiriendo nuevas conductas, sino que también es feliz. Los refuerzos motivan al niño. El aprendizaje y la motivación deben ir unidos.
En resumen, lo primero que se debe hacer es elegir un objetivo, y después reducirlo a componentes manejables.
Cuando se dominan las unidades separadas, se las vuelve a unir para formar la respuesta compleja. El proceso al que nos referimos se llama moldeamiento. Como el término indica, se empieza con una aproximación al objetivo final, luego se refuerza estas aproximaciones a la conducta final y lentamente se refuerza sólo aquellas conductas que estén cerca del objetivo. Es decir, sólo se premia una conducta cuando supone una mayor aproximación a la conducta meta.
Las órdenes deben ser explícitas y claras. Es decir, se debe evitar las palabras innecesarias y "el ruido" en una orden y reduciéndo la a lo esencial. Si se desea que el niño se siente, no se dice "Pepito, cielo, escúchame, lo que te pido es que por favor seas bueno y te sientes en la silla por mí". Se dice simplemente "Siéntate". Las instrucciones se dicen fuerte y claramente. El niño nunca entendería la primera frase porque tiene demasiado ruido. Si se le está enseñando a identificar (por medio del señalamiento con el dedo) los colores rojos frente a los azules, no es conveniente decir: "Mira, Pepito, señálame el papel de color azul". Si no es mejor decir solamente "Rojo" o "Azul". El niño debe prestar atención a "Rojo" o a "Azul". El resto de las palabras de la frase son innecesarias y podrían ocultar la palabra relevante.
Cuando el niño recibe refuerzos por su conducta y está aprendiendo, se encuentra en un proceso de adquisición, y la conducta deseada debería fortalecerse. Supón que de repente decides no reforzarlo más. Se comporta como antes, pero tú haces como que no te das cuenta de esta conducta, como si no tuviera ningún efecto sobre ti. Esto es la extinción de la conducta. Por ejemplo, con gran esfuerzo has enseñado alguna conducta deseable al niño por medio de varios refuerzos explícitos. Ahora envías al niño a casa (o al colegio, según como sea el caso) y no recibe ningún refuerzo explícito.
La conducta que tan cuidadosamente has producido está "en vías de extinción"; desaparecerá porque ya no está siendo premiada. Trabajar para suprimir un berrinche es un buen ejemplo de extinción. El niño puede gritar y patalear, pero tú sigues con tus cosas como si la conducta no se diera. Es casi seguro que la rabieta desaparecerá. La extinción, por tanto, es poderosa, aunque exige tiempo y esfuerzo para poder eliminar una conducta.
La extinción constituye el procedimiento más eficaz y menos complicado para eliminar conductas perturbadoras. El profesor debe comportarse como si no ocurriera nada. No prestar absolutamente ninguna atención al niño cuando se porte mal, y dejar claro que su conducta no tiene ningún efecto sobre ti. Es decir, no lo mires involuntariamente cuando se altere, y no pospongas tus órdenes por sus interrupciones. El niño abandonará la conducta perturbadora cuando se dé cuenta de que no le compensa portarse así.
Los gestos de desagrado, las vacilaciones, el que se posponga un intento o te sonrojes puede ser suficiente para que el niño mantenga la rabieta.
No obstante, la extinción sólo puede llevarse a cabo con conductas levemente problemáticas, es decir con aquellas conductas que no dañen al niño ni a otros. Es imposible hacer caso omiso a un niño cuando te muerde o rompe los muebles. Quizá sea necesario usar castigos y aislamiento para eliminar rabietas de esta magnitud, pero es importante recordar que se debe volver a la extinción cuando se haya reducido la rabieta.
La sobrecorrección es un procedimiento desarrollado por Foxx y Azrin (1973) para reducir conductas agresivas, perjudiciales e inapropiadas en las personas con problemas de desarrollo. Fue pensada como una alternativa al castigo físico. Su éxito se ha medido no sólo en términos de su eficacia, sino también en cuanto a que minimiza las "propiedades negativas" del castigo y de otros tipos de disciplina.
Quizá el modo más sencillo de explicar el proceso de sobrecorrección sea por medio de unos ejemplos de su aplicación. Supón que el niño derrama leche en el suelo. Para impedir que esto ocurra en el futuro, puedes obligarle no sólo a que lo limpie él mismo, sino también a que limpie un área más grande. Después le obligas a ensayar con vasos de leche sin derramar nada. Cualquier derramamiento tendrá que ser recogido con un cuidado muy especial. Supón que el niño le ha desinflado las ruedas del coche al vecino como una gracia para el día de los Santos Inocentes. Como padre, podrías obligarle a que volviera a inflar las ruedas usando una bomba de bicicleta y para completar el programa, se pasará un buen rato inflando neumáticos.
Uno de los aspectos principales de estos ejemplos es el énfasis que ponen en el hecho de que la persona debe hacer algo desagradable como consecuencia de su conducta indeseable, y que el elemento desagradable no supone un castigo físico.
A veces la sobrecorrección tiene un componente llamado restitución, que requiere que el individuo también restituya al entorno a un estado mejorado. Son ejemplos de restitución, el obligar a un niño que rompe un libro a pegar no sólo las páginas de éste, sino también las de otros muchos, y exigirle al que tira objetos al suelo que recoja no sólo éstos, sino también otros muchos. A veces se añade un segundo componente llamado práctica positiva. El niño que escribe en las paredes podría practicar la escritura sobre un papel; al que rompa libros se le puede obligar a leerlos, y al que tire objetos se le puede enseñar un modo más apropiado de manifestar su enfado, o un modo de mostrar más cariño por los demás.
La sobrecorrección es un procedimiento que combina muchos principios del Apoyo Conductual Positivo, incluye el aislamiento o tiempo fuera, que se da cuando al alumno se le aparta de cualquier tipo de actividad reforzante porque está restaurando el entorno y practicando una conducta apropiada. También incluye el costo de respuesta; el alumno debe eliminar la fuente original del refuerzo, como por ejemplo, las marcas en la pared. El castigo aparece como un componente de la sobrecorrección. Cuando enseñes al niño a ir al baño, debes bañarlo cuando se ensucie. Puede que esto no le guste o que no le guste una ducha tibia. Esencialmente, se le obliga a hacer algo que no le gusta.
Otro principio de la sobrecorrección es el establecimiento de un control apropiado de estímulos. Es decir, que al niño se le exige que lleve a cabo las conductas apropiadas con los estímulos apropiados. Por ejemplo, al niño que rompe libros se le puede enseñar una conducta más apropiada con los libros, haciendo que los lea, mire las ilustraciones, o los cuide. Por lo tanto, el éxito de la sobrecorrección podría depender de una combinación de técnicas acertadas.
Deben seguirse las siguientes directrices a la hora de aplicar la sobrecorrección:
En poco tiempo la sobrecorrección se ha convertido en un procedimiento muy eficaz para reducir conductas inapropiadas, y debes familiarizarte con su funcionamiento. Observa que requiere mucho tiempo; un tiempo que quizá fuera mejor dedicarlo al aprendizaje de nuevas conductas.
El castigo se utiliza para eliminar o reducir una conducta. La mayoría de los padres lo usan con frecuencia, seguramente porque es útil. A continuación comentamos algunos de los tipos de castigo que puedes aplicar.
Un método de castigo es el de dar al niño algo que no le guate; por ejemplo, un "¡No!" alto y fuerte. Estos castigos se denominan estímulos aversivos. Con algunos niños "No" es todo lo que tienes que decir; dejan de hacer lo que estén haciendo. Mostrar tu desaprobación de un modo verbal, puede significar la reducción de una conducta inadecuada del niño. A veces puedes verte envuelto en una auténtica pelea con un niño al aumentar los estímulos aversivos, si esto ocurre se debe abandonar inmediatamente el castigo, e intentar otra cosa.
Así como hay adultos muy ocurrentes para encontrar una variedad de refuerzos para un niño, también debería encontrar formas de disciplina que sean menos espectaculares que el castigo corporal. Intenta algo que al niño no le guste nada.
Por ejemplo, a algunos niños no les gustan los deportes; puedes programar actividades deportivas (hacer abdominales o correr alrededor de la manzana) cuando se produzca una conducta indeseable. Para algunos, fregar los platos es un castigo, así como para otros lo es que los levanten del suelo.
Además del uso de estímulos aversivos, y en ocasiones como sustitución de éstos, los adultos podemos castigar a un niño quitándole algo. Muchas veces esta "eliminación" puede ser llevada a cabo por el profesor al darle la espalda al niño, o poniéndolo en un rincón de la habitación. Un factor común de estas operaciones es que indican al niño que hay un cierto período de tiempo durante el cual no recibirá ningún tipo de refuerzo positivo. Por lo tanto, a estos procedimientos se les ha denominado aislamiento (tiempo fuera) de refuerzos positivos. Al niño se le puede someter a un aislamiento de tres a cinco minutos; de los cuales los últimos 30 segundos deberá permanecer tranquilo. Si se le levanta el aislamiento cuando está en plena rabieta, se podría estar reforzando dicha conducta. Se debe tener cuidado de no dilatar el aislamiento más de cinco minutos cada vez, auque también puede usarse la regla de un minuto por año de edad del niño, sobretodo para niños pequeños en los que 5 min. Puede ser demasiado para ellos. En ocasiones, se puede percibir que se debe llevar a cabo el aislamiento durante más tiempo; sin embargo, cuanto más largo sea el aislamiento, menos efectivo será el procedimiento como instrumento educativo, porque el niño necesita estar con el profesor y aprender una conducta apropiada.
Hay al menos dos problemas relacionados con el aislamiento. En primer lugar, algunos niños no lo consideran un castigo. Es decir, que prefieren el aislamiento a estar con otras personas; estar con gente y aprender no es importante para ellos. Someter a un niño al aislamiento en estas circunstancias sólo le perjudicará. En segundo lugar, el aislamiento requiere un tiempo fuera de la situación de aprendizaje, lo cual significa que el niño tiene menos oportunidades para aprender materiales nuevos.
Uno de los mayores problemas a la hora de enseñar a niños con Necesidades Educativas Especiales aparece cuando el adulto no puede establecer quién tiene el control. A muchos adultos se les ha aconsejado no presentar demandas a estos niños, no enfadarse con ellos o molestarles, y a cuidar de sus frágiles egos, lo cual es un mal consejo si sigue los principios establecidos antes descritos. Deje que los niños sepan que usted es el jefe. Déjeles saber que cualquier privilegio que disfrutaron antes es automáticamente revocado si se comportan mal, y que, cuando se ganan los privilegios, es el adulto quien decide cómo y cuándo ocurre esto.
De vez en cuando, el maestro o los padres tienen también que ser muy estrictos. Esto puede parecer duro, pero, la experiencia nos ha demostrado que, ambientes estructurados y con autoridad pueden ser mejores para niños con Necesidades Educativas Especiales durante las etapas iniciales de su aprendizaje. Poco a poco, la estructura del padre o del profesor se puede debilitar y sustituir por procedimientos más democráticos, pero esta democracia debe ganarse, no darse.
Tomemos en cuenta que es posible ser firme y a la vez amable. El adulto puede convertirse en un amigo importante para su alumno o hijo, para que ganar y mantener la aprobación sea significante para el niño.
La mayoría de los padres van demasiado rápido en el proceso y no establecen el tipo de control temprano necesario para un aprendizaje posterior. El niño que se siente en una clase moviéndose constantemente, que no atiende a la clase, que molesta a sus compañeros, que no hace las tareas, que tiene dificultades para aprender, etc, probablemente no es lo que la mayoría de los profesores llamaría un alumno ideal.
Gran parte del aprendizaje del niño dependerá del tipo de adulto que "trabajará" con él. Es mejor ser una gente enérgica, segura y sociable, que no tienen dificultad para imponerse, este tipo de personas serán buenos profesores y buenos padres para sus niños.